Cuando el príncipe Stephan Reynard llegó al diminuto pueblo de Texas para reclamar a su real sobrino, nunca imaginó que la madre adoptiva del niño resultaría ser tan reticente o tan atractiva.
Aparentemente, ni el rescate digno de un rey podría convencer a la animosa belleza del Oeste para apartarse del niño que ella había acunado en sus cariñosos brazos. Aparentemente, también, más allá de la sa…





